En medio de la crisis del sistema de diálisis en Ecuador, la discusión pública parece haberse simplificado a una sola salida, pagar la deuda. Es, sin duda, un paso urgente. Pero creer que eso resuelve el problema es ignorar su verdadera dimensión. El problema de fondo es estructural y viene desde hace unos años.

Cuando un sistema llega al límite, no es solo por falta de liquidez, sino por decisiones acumuladas que lo han vuelto frágil, así como una legislación que no ha respondido a las necesidades reales de la salud pública. Hoy, los centros de diálisis operan con incertidumbre, presión financiera y escasa capacidad de planificación. Y en ese escenario, pagar lo pendiente no corrige el problema de fondo apenas gana tiempo.

La diálisis no admite pausas ni ajustes improvisados, una mala decisión puede influir en la calidad de vida de personas. Es un tratamiento vital, continuo y altamente especializado. Cada retraso, cada decisión incompleta, se traduce en riesgo directo para pacientes que dependen de este servicio para vivir. Aquí no hay margen para errores ni soluciones a medias, la planificación y la buena gestión de políticas públicas es esencial

Además, el impacto va más allá de la salud. Este es un sistema que sostiene miles de empleos entre médicos, enfermeros, técnicos y personal de apoyo. Cuando se debilita, no solo se tensiona la atención a pacientes, también se pone en juego la estabilidad laboral de todo un sector, que de por sí ya ha sido golpeado por repetidas crisis de estabilidad económica
El punto es claro, pagar la deuda es necesario, pero no es suficiente.

Si no se fortalece el sistema de salud, tal como se lo visualizó y planificó a partir del año 2008, sin reglas claras, sin mecanismos de pago oportunos y sin una visión de sostenibilidad, cualquier solución será pasajera. Y lo que hoy se presenta como alivio, mañana volverá a convertirse en crisis. Lo esencial es fortalecer el sistema como tal, no solo tomar decisiones antojadizas sin objetivos claros.

La verdadera pregunta no es cuánto se debe, sino qué decisiones se van a tomar para que esta situación no se repita. Porque en un sistema donde está en juego la vida, improvisar no es una opción. Y en diálisis cada decisión tardía no es solo administrativa: es clínica.